domingo, 16 de enero de 2011


Anochece en la cabeza de otros,
Y una nube de alquitrán y fuego
Devora la ciudad.
Hace tiempo que dejamos de ser nosotros.
Las balas se acumulan en el cajón,
Chillando al desprecio,
Hay quien me invita a usarlas,
Repintar las paredes,
Airear mis ideas.
Me da pereza y me duermo.
La ciudad arde,
Es un laberinto sin orden.
Todos temen las ruinas.

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